Portada de Peter Pack Rat

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Peter Pack Rat

GéneroArcade
Desarrollado porFirebird
MúsicaTim Follin
Año1988
Veredicto originalMola
Valoración7/ 10
Gráficos
5
Sonido
8

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Cuando un niño pequeño se agacha para recoger alguna guarrería que le llama la atención, siempre hay algún adulto vigilante en las inmediaciones que, rápidamente, clama contundentemente aquello de... "¡CACA!". Da igual que pronuncie la palabra mágica con suavidad, o que la acompañe de algún que otro sopapo. El caso es que siempre se le tiene que decir eso: "¡Nene! ¡Eso es CACA!". Así que... ¿es la aversión a toda llamativa pieza de roña que languidece y se reseca al sol sobre alguna acera, algo inherente a la madurez? ¿Es una reacción artificial, social, aprendida, antinatural? ¿El Ser Humano, en ausencia de toda civilización, es en realidad más guarro que un moco y no muestra reparos a la hora de rebozarse en miasmas de toda condición y todo hedor? ¿O es que hemos aprendido, con los milenios, que la porquería a medio pudrir suele ser algo poco sano?

El caso es que, curiosamente, los niños pequeños muestran una curiosa atracción por todo aquello que apesta y que es sucio. Es más: se parten de risa. Y si pueden enumerar los nombres de todos los géneros y especies de cacas habidas y por haber, más gracia les hace. Con el tiempo, algunos no llegan a madurar del todo y terminan convirtiéndose en eminentes mierdólogos, especialistas única y exclusivamente en basurillas y repugnancias de todos los colores posibles. Si uno se para a observar con cierta atención, detectará hordas y hordas de personajes de este tipo.

¿No os gustaba, de niños, eso de saltar sobre algún charco, después de una lluvia copiosa y poneros la primorosa ropita de angelito pre-comunión, hecha un cromo mugriento? A mí me encantaba. Ahora, trato de evitar cualquier salpicón de barro en una acera. Pero en aquel entonces, lo que más me gustaba de que cayeran cuatro gotas, es que la calle se convertía en una verdadera marranada de patio de recreo para mí. Mis padres llegaron a no ponerme botas de plástico, porque sabían que con ellas, redoblaba mis afanes por brincar, como un chimpancé histérico, sobre cualquier charco cochambroso y fangoso que viera. Como los zapatos normales terminaban inundados y la sensación era bastante incómoda, cuando los llevaba puestos, con todo mi pesar, evitaba cualquier acumulación de agüilla turbia.

Pero la cosa no acaba ahí. Hace ya bastantes años que escuché por primera (y última vez) una canción que... en fin... me parecía mentira que alguien hubiera tenido el... el... esto... bueno... que hubiera tenido tanto sentido del humor.

¡Mugre! ¡Roña! ¡Guarrería! ¡Cochambre! Al menos, a mí me lo pareció en aquel entonces. Como buen nene de 8 años, pocas cosas había que me hicieran más gracia que un buen eructo borboteante o que una pedorreta atronadora en el momento más inoportuno. ¡Qué risa tan estupenda! Así que, cuando escuché aquel estribillo que clamaba "¡Caca, peo, pis! ¡Caca, peo, pis!", casi me ahogué a carcajada limpia.

Y no os digo nada del resto de la letra. Tenía una profundidad encomiable, una sensibilidad abrumadora; qué poesía, aquella: "¡Caca hiede, culo huele!  ¡Caca hiede, culo huele!".

Y es que es verdad. Pocas cosas hay más marranas que un niño pequeño. Mocos, diarreas, babazas, vomitonas... en esos primeros maravillosos años, somos verdaderas máquinas de generar fluidos espesos y malolientes. Y de disfrutar la tira en el proceso. Cuanto más asquito damos, más nos reímos. Menos mal que están nuestros mayores tras nosotros, para invocar, con tono entre apremiante y firme, el mantra espiritual: "¡CACA!". Sí, papá, ya sé que esto es una caca. Por eso la he recogido. Y si me dejaras en paz, igual la pegaba en una pared de casa, te la restregaba por el abrigo o me daba por masticarla un ratito. Como soy más antihigiénico que un kleenex de segunda mano...

Otro punto interesante, derivado de la cacafilia de la infancia: la fascinación por basureros, contenedores, vertederos y demás parajes de mugre infinita. ¿Recordáis aquella serie de marionetas saltarinas, los Fraggle Rock? ¿Os acordáis de quién era el personaje más sabio del lugar? La Montaña Basura. Ni más ni menos. Pero bueno, ¡qué cosa más nauseabunda! Como lo del Señor Mojón de South Park, pero para consumo infantil.

Así que no es de extrañar que un videojuego protagonizado por una rata (pocos bichos más repulsivos hay en el planeta) que habita un vertedero lleno de roña que se descompone lentamente y cuyo objetivo es encontrar más cachivaches recubiertos de porquería, que añadir a su colección, parezca una cosa divertida. Puaj.

El caso es que lo es. Será que yo tengo a veces ciertos arrebatos de eminente cacólogo. Pero, ¡todos tranquilos! con los años he conseguido ir superándolos, uno a uno y poco a poco. El proceso de higienización mental no es sencillo, pero tengo la satisfación de comunicaros que voy por el buen camino. Aún me queda trabajo por hacer, eso sí. Y a las pruebas me remito :-)

Peter Pack Rat está basado en una recreativa de temática igualmente mugrienta, pero de gráficos infinitamente mejores. Sí, claro, corría el año 1988, y las maquinitas de los bares parpadeaban, zumbaban y tronaban animadas por un hardware que dejaba tamañito al de cualquier ordenador doméstico, incluyendo los Amiga y Atari, pero el caso es que este título en cuestión, era de una simplicidad asombrosa. Me llama la atención que la gente de Firebird pusiera tan poco empeño en recrear el agradable aspecto (ah, qué mierda tan colorista y suavemente texturada) del juego original y terminara desarrollando una adaptación de lo más parca. Afortunadamente, se mantuvo un nivel de jugabilidad más que digno de aplauso.

Sí, todo muy bonito, salvo por un detalle... ¡que la recreativa original no data del 88, sino que es cuatro años anterior! Y ya me dirán ustedes si allende la época en la que Epyx pasmaba hasta al más escéptico de los commodoreros con su Impossible Mission, las maquinitas de los bares tenían una potencia arrolladora (aunque en el caso que nos ocupa, el chisme andaba propulsado por dos procesadores que sumaban en torno a los 9 MHz; justo es reconocerlo). Pero dejemos semejante memez de diatriba para el apartado técnico y sigamos hozando alegremente en el fango putrefacto, como cochinos eufóricos.

En cada fase, Peter tiene que recoger una serie de cachimbos parpadeantes, distribuidos a través de un par de pantallas. Algunos son de fácil acceso.

Pero otros requieren una miaja más de esfuerzo, como la cooperación involuntaria de algunos de los malosos que pueblan los escenarios. Los hay fácilmente identificables, como esa especie de hamster barriobajero enfundado en su chupa siniestra y con su gorra de estibador furibundo calada con un aire chulesco, que podéis ver en la captura de la derecha. ¡Nene! ¡CACA!

Para saber qué cuernos son los demás, hay que echarle una miaja más de imaginación, la verdad. Muchos de los malosos son una especie de voraces moscones cojoneros que, seguro, se lo pasan pipa entre tanto dodotis meadísimo emisor de gases corrosivos. Podemos aprovecharnos de ellos si les sacudimos con el único método de defensa con el que cuenta Peter: una especie de pelotita que vuelve a él cuando la arroja... quizás sea un yo-yo... quizás una especie de mística canica boomerang que nuestra entrañable alimaña contagiadora de multitud de enfermedades a cuál más repugnante, encontró debajo de un montón de mondas de patata. O quizás sea algún tipo de excrecencia pegajosa y gelatinosa segregada por ... no quiero saber qué.

La cosa es que cuando le endiñamos un pelotazo a uno de los malos, quedará atontado durante unos segundos. Y, en el caso concreto de los moscones, podremos utilizarlos para revolotear casi con total libertad por la pantalla, en busca de objetos que serían inaccesibles de otro modo. Simplemente, aproximaos a uno de ellos, hasta que Peter se enganche a sus patas peludas, crispantes y más que jartitas de retozar por la roña pastosa marronácea. Podréis entonces utilizar el joystick para mover a la parejita (de lo más poético: una rata colgada de un moscón gigantesco sobrevolando las grisáceas colinas de un basurero). Mientras el malo de turno esté bajo los efectos del bolazo-boomerang, parpadeará. Ojo, porque cuando deje de hacerlo, recuperará su mal café original, así que, si estáis surcando los fétidos efluvios del vertedero vía Tábano Guarrindongo Air Lines, mejor será que echéis patas a tierra lo antes posible.

Ah, a todo esto, disponéis de un tiempo límite para recoger los cachivaches refulgentes que se desperdigan por la fase de turno (y cuyo número veréis indicado en el marcador de la parte superior de la pantalla, bajo el texto "Objects"... y ahora que lo pienso... los bichejos que se pirraban por todo lo que brilla ¿no eran las urracas? o sea, que el Peter este, además de rata cochambrosa, es medio urraca. La alegría de la huerta). Pero tranquilo todo el mundo, es más que suficiente. Mucho antes de que expire, ya os habrán masacrado todas las vidas.

Lo mejor

* Muy entretenido y adictivo.
* La música.

Lo peor

* Gráficos simplones y menos coloristas que un retrete público.