Portada de Platoon

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Platoon

GéneroArcade
Desarrollado porOcean
MúsicaJonathan Dunn
Año1987
Veredicto originalMola
Valoración8/ 10
Gráficos
9
Sonido
8

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Ocean siempre fue una de mis compañías favoritas. Tuvo sus patazos, claro, como casi todo el mundo, pero creo que el estilo que conseguían imprimir a sus juegos de C64 era inconfundible y, con frecuencia, asombroso.

Se empeñaban en diseñar muchos de sus títulos (especialmente los basados en alguna licencia cinematográfica, porque, no lo olvidemos, los tíos eran los reyes de las adaptaciones de películas de éxito al ordenador) en alta resolución y, en general, con un acabado técnico macanudo.

... y lo que es mejor: lo conseguían. He aquí un ejemplo:

Ya os digo: Platoon está basado en una de las múltiples películas que los americanos hicieron sobre la guerra de Vietnam. Y no una cualquiera: a mi entender, es de las mejores.

Esto es un infierno... no me siento las piennnas... Dirigida por Oliver Stone (un tipo se ve que bastante implicado, o al menos interesado con aquella época de la historia de su país, porque produjo JFK y Nacido el Cuatro de Julio), muestra las andanzas y padeceres de un pelotón de marines norteamericanos, rodeados de chal-lies por todas partes (¡Dios mío, et-to e un infienno!).

 Había dos sargentos: el bueno y el malo. Curiosamente, esta vez, el bueno era el feo (Willem Dafoe) y, el guapo, el malo (Tom Berenger). Pues resulta que, entre carnicería y carnicería, para pasar el rato y entrar en calor, la misión de los soldados del pelotón, especialmente de uno de ellos (que en la película interpretaba Charlie Sheen) es abrirle un agujerito en el cráneo a Barnes, el sargento malo, responsable de la muerte del bueno (Elías). Un culebrón, sí.

A nosotros eso nos va a dar igual. Simplemente, tendremos que recorrer una serie de etapas, inspiradas en secuencias de la película y, en general, magistralmente realizadas en el aspecto técnico. A saber:

En el primer nivel (la captura de arriba es de éste), tenemos que guiar a un pelotoncillo de cinco hombres (no, la verdad es que no sé cuántos hombres componen un pelotón, pero si son sotopocientos, iba a quedar un poco aburrido en el juego) a través de la jungla, batallando contra las huestes del Vietcong. El objetivo es encontrar unos explosivos, que alguien ha dejado tirados entre la hojarasca, como si fueran un papelajo de envolver un bocadillo, y ponerlos en un puente que conduce a un poblado, para evitar que las tropas enemigas nos sigan.

La fase es un verdadero laberinto (gráficamente magnífica, como creo que se puede apreciar en la ilustración) salpicado de chinitos cabreaos armados hasta los dientes. Al principio no nos hostigarán mucho, pero conforme nos adentremos en la selva y, sobre todo, cuando encontremos los explosivos, se pondrán de los nervios y tendremos que estar continuamente dándole gusto al gatillo.

No sólo nos las veremos con soldados de a pie: además, a veces observaremos cómo se abre una trampilla camuflada en el suelo y asoma un tipejo que trata de acribillarnos. Las únicas formas de evitar que lo consiga son saltar el disparo o regalarles una granada bien calentita.

Digamos que esos cinco hombres con los que contamos son las vidas que tenemos para completar el nivel... con una salvedad: podemos elegir al que queramos, en cualquier momento. Dado que cada uno de ellos resiste cuatro impactos antes de pasar a formar parte del ecosistema de la jungla, en forma de abono, muchas veces es muy útil elegir al marine que menos tiros haya tenido que soportar.

Otro parámetro que hemos de tener en cuenta es la moral del pelotón: se resiente cuando uno de los hombres es herido y, sobre todo, cuando se marcha para el otro barrio (cuidado, por cierto: los Vietcong se lo pasan pipa instalando trampas en la jungla, consistentes en una cuerda camuflada y atada a una bomba. Si la pisamos, nuestro marine se transformará en comida para peces -en finos copitos; ¡más efectivo! ¡más sano! ¡reaviva de modo natural los colores de los peces ornamentales de agua fría! Consejo: no les sobrealimente-, automáticamente, independientemente de la energía que le quedara. Eso sí que hace polvo la moral de la pandilla, así que cuidado, porque esos cables se confunden fácilmente con el suelo (¿no te digo? ... si te parece, les van a poner un cartelito de advertenci, y unas bombillas parpadeantes...). Afortunadamente, algunos de los charlies dejan, al caer abatidos, un paquete con munición y un botiquín que nos curará un impacto.

Cuando alcancemos el poblado, tendremos que entrar en las chozas, en busca de una linterna y un mapa que nos permitan adentrarnos en la red de túneles excavada por el Vietcong. Mucho cuidado aquí, porque algunos de los objetos de las cabañas ocultan trampas y, en una de ellas, incluso nos toparemos con un avieso soldadito más que deseando guisar nuestros higadillos con bambú y setas.

Tened también cuidado de no masacrar a los aldeanos inocentes, porque descorazona a los marines cosa mala (me da a mí que esto no se corresponde exactamente con la realidad... al menos, en la película había un par de psicópatas entre las tropas yanquis, que se divertían muchísimo despanzurrando por ahí los sesos de los autóctonos; y me atrevería a decir que lo de porculizar a los civiles es lo normal en todas las guerras, ¿no os parece?).

Una vez que encontremos la trampilla que da acceso al subterráneo comenzará la segunda fase, que se desarrolla con una sorprendentemente bien lograda perspectiva ¡en primera persona! ¿Que no os lo creéis? ¡Toma captura! (ahí abajo)

Hombre, no es que la cosa se desarrolle a lo largo de pasadizos con texturas calculadas en tiempo real, iluminación dinámica y zarandajas similares, pero el efecto es magnífico.

Es más: es una de las escenas más inmersivas y mejor logradas que he visto nunca en un C64 (que empleen esa perspectiva).
La pantalla se divide en dos ventanas: en la de la izquierda, observaremos toda la acción. Controlaremos un punto de mira (que hasta se balancea a izquierda y derecha cuando caminamos), con el que tenemos que balear a los malos que nos ataquen.
De mayor, quiero ser el Quake

Algunos surgen de las esquinas, o se nos acercan desde el fondo de algún pasillo (nuestro avance se detiene entonces; vamos, que no podemos dar media vuelta y huir, ni abalanzarnos sobre ellos y arrearles un bocao en la yugular). Otros, emergen de pronto del agua que cubre los túneles, enarbolando un machete enorme y tratando de trincharnos como a un pavo relleno. Y hay uno que nos aguarda, pistola en mano, en una de las habitaciones que tenemos que visitar.

Para movernos por el laberinto contamos con el mapa que puede verse en la parte derecha de la pantalla. Si no lo encontramos en la aldea las cosas se complicarán, aunque en más de una habitación veremos alguno que podremos coger, si no lo teníamos. Precisamente, en esas estancias encontraremos botiquines, munición y los tres objetos que necesitamos para salir del subterráneo: una pistola de bengalas, su munición y una brújula. Con estos tres chismes, tenemos que encontrar una salida despejada y nos enfrentaremos a la tercera fase.

Ésta se desarrolla también con perspectiva subjetiva, aunque ahora no tenemos que avanzar, sino permanecer quietecitos, escondidos y acojonados, en una trinchera, de noche. Es un nivel de lo más emocionante: podremos ver cómo las tropas del Vietcong se nos acercan en silencio, por sus siluetas recortándose en la penumbra. Tenemos que acabar con todos los que podamos, antes de que ellos nos aireen las tripas a tiro limpio. Para facilitar las cosas, contamos precisamente con las bengalas. Si lanzamos una, iluminaremos brevemente el paisaje con una intensa luz blanca. Veremos mejor a los charlies, sí... pero también ellos a nosotros, de modo que no abuséis de ellas.

Por fin, alcanzamos el cuarto y último nivel. Nuestro objetivo aquí es avanzar con nuestro soldadito a través de otro laberinto selvático (aunque, ahora, la perspectiva no es lateral, sino desde detrás del protagonista, que avanza, digamos, hacia el fondo de la pantalla), esquivando trampas, alambradas, y demás.

El objetivo es alcanzar el bunker en el que se esconde el traidor Barnes, que se defiende como un poseso. Una vez allí, dado que la protección que le ofrece al tipejo su refugio le hace prácticamente invulnerable a las balas, habremos de conseguir darle con ni más ni menos que cinco impactos de granadas. Para complicar las cosas, está planeado un ataque aéreo en unos minutos... ¡con napalm bien calentito! Así que, si no quieres parecerte a una empanadilla, tienes que echar a patadas al traidor y esconderte tú en el bunker.

Lo mejor

* Los gráficos.
* La música.
* La variedad de fases. No es que haya muchas, pero son todas muy distintas entre sí.

Lo peor

* Los niveles 1 y 4 a veces son frustrantemente difíciles.