Portada de Stix

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Stix

GéneroArcade
Desarrollado porSupersoft
MúsicaNo tiene
Año1983
Veredicto originalMola
Valoración7/ 10
Gráficos
4
Sonido
4

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

De toda mi juegoteca, este era el título que tardaba menos en cargar. En una época en la que estar sentado con la mirada perdida, delante del ordenador, mientras la cinta avanzaba parsimoniosamente (a veces daba la impresión de que era así de lenta a propósito, y por fastidiar), durante 10 minutos (y encima, para que al final, la pantalla te estampara en las narices algún impronunciable y ofensivo mensaje de error... cuando era niño, en mis primeros años de commodorero, me asustaba especialmente el "?Illegal quantity error". ¿Cómo que "ilegal"? Ya me imaginaba al FBI irrumpiendo en mi cuarto...), que un juego cargara en 19 vueltas del contador del Datassette, o sea, algo menos de sesenta segundos, era todo un lujo.

Claro, que tampoco podías pedir luego elegías digitales, epopeyas virtuales o églogas electrónicas. Y te salía lo que te salía. O sea, un juego más simple que la vida social del mejillón pontevedrés, o sea, un juego como este Stix. Precisamente.

Nada de argumentos. Ni siquiera alguno que involucre a un par de malosos cósmicos imperialistas y sus hordas de marcianitos mal avenidos triscando sobre las otrora verdes y fértiles praderas de un planeta Tierra chamuscado. Nada.

Tremenda complejidad, oigan Si queréis ponerle un telón de fondo, imaginaos que, por algún método difícilmente explicable, hemos acabado en la Dimensión Grijander-Meremere-Monerrr (está junto a la Dimensión Gromenauer, según se entra, a mano derecha), y nuestro único cometido allí, es colorearlo todo, ante la fiera oposición de una serie de minúsculas criaturas (posiblemente daltónicas) que nos persiguen furibundas, mientras una especie de monstruosidad pseudovectorial palpita, zumba y revolotea tratando de cazarnos.

Vamos... como salido de cualquier mala noche por atracón de garbanzos con espinacas.

Creo que hay bastantes más versiones de este juego tan simple, tontorrón... y adictivo (¿cómo no?). Controlamos un poderoso... erm... rombo gris, a través de una pantalla en blanco. (O en gris, o en negro... vamos: quiero decir que tiene un único color de fondo, y ningún rasgo). Y tenemos que tratar de colorear al menos el 75% de su superficie para pasar a la siguiente.

Inicialmente, sólo podemos movernos recorriendo los bordes de la pantalla. Para adentrarnos en el área que éstos encierran, tenemos que pulsar fuego y mover el joystick en la dirección apropiada. Por ejemplo: si nos movemos siguiendo el límite derecho de la pantalla y queremos irrumpir en ésta, deberemos presionar el botón de disparo y empujar el mando hacia la izquierda. Nuestro rombito trazará entonces una línea negra, a modo de estela. Es como si fuera una plumilla sobre una hoja en blanco.

Vale. Pues cuando consigamos dibujar un área cerrada (esto es, que el rombo toque otro de los bordes de la pantalla, o un área coloreada que hayamos trazado antes), se llenará de un color (diferente en cada pantalla). Y así, poco a poco, bloque a bloque, hasta que igualemos o superemos ese umbral del 75% (fijaos en la parte superior del área de juego: allí aparece tanto por ciento de pantalla que llevamos coloreada, junto con el tiempo que nos queda para completar el nivel actual, las vidas, la puntuación y el nombre del padre de la criatura: un tal "A. Trott", conocido en su casa a la hora de cenar -y lo mismo, ni entonces-).

Una vez que hayamos emprendido la delineación de un área, no podemos volver atrás, ni cruzarnos con la trayectoria que estemos describiendo, ni movernos en diagonales o curvas. Sólo rectas horizontales y verticales, y siempre figuras definidas como si empleáramos un rotulador o similar, de un solo trazo y sin levantarlo del papel.

¿Obstáculos? Pues sí (si no, menuda diversión). Aparte del límite de tiempo, tres tipos de malos distintos.

Dos de ellos pertenecen a la misma categoría y son unos minúsculos sprites parpadeantes, con forma de... erm... de... bueno, vaya usted a saberlo. Son insignificantes, y si pudieran ampliarse lo suficiente, seguramente no veríamos más que un par de pixels descarriados conformando una especie de marcianito de videojuego de antes del Jurásico. ¡Tate quieta, malaje, que te veo vení!

Esos diminutos engendros siempre siguen un camino trazado, ya sean los límites de la pantalla o los contornos de los bloques que nosotros mismos hemos dibujado.

El segundo tipo de coco es igual de chico y sólo aparece cuando empleamos demasiado tiempo en dibujar una figura. Nos perseguirá, remontando velozmente nuestra "estela", mientras emite un curioso siseo parecido al de una mecha consumiéndose.

Y el tercero es, sin duda, el más espectacular (si es que se puede hablar de algo "espectacular" en este juego). Cuando era niño, le llamaba "La Raya". En realidad no es una raya, si no un montón de ellas, todas palpitando (de hecho, emiten un ruidillo como de latidos), encogiéndose, alargándose, estrechándose, estirándose... se comportan como una sola criatura. Es como una especie de bandada de pájaros versión psicodélica, o un cardumen de sardinas, modelo tripi. Es verdaderamente fascinante. O al menos, lo era para un chavalín de 12 años. 

A veces dan ganas de quedarse mirándola fijamente. Parece tener vida propia. Es curioso cómo modifica su forma, o cómo a veces se transforma en una especie de lanza y, emitiendo un zumbido, se dispara en alguna dirección aleatoria.

Bueno, pues si en algún momento toca nuestra estela, nos destruirá. Además, tiene una cierta utilidad: determina qué lado de la pantalla se coloreará; siempre será aquel en el que no esté ella. Por ejemplo, en la segunda captura, si logramos alcanzar el lado derecho del área de juego, toda la zona, desde la línea que estamos trazando, hacia arriba, será la que se llene de amarillo.

Lo mejor

* Adictivo.
* ¿Lo adivináis? Sí: el rayajo cannábico. ¿Qué queréis? ¡A mí me hace gracia! 

Lo peor

* Acabo de decirlo: simple y repetitivo.