Portada de Teenage Mutant Hero Turtles

FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO

Teenage Mutant Hero Turtles

GéneroLucha
Desarrollado porKonami
Música?
Año1991
Veredicto originalPscheee…
Valoración6/ 10
Gráficos
6
Sonido
7

Material

COMENTARIO ORIGINAL

La review

Mientras probaba este juego, para redactar después el comentario que leéis (ya sabéis que me gusta hacer eso: documentarme todo lo posible, incluyendo alguna que otra partidita procurando fijarme en todos los detalles), estuve pensando en qué nota ponerle. Anduve dudando entre el 6 y el 7. Y el caso es que el juego puede llegar a ser muy entretenido. Incluso se le ven ciertas hechuras de intento de conversión fiel (lo que no entiendo es por qué se desarrolló en 1991, ya que la recreativa original data de 1987, o quizás 1988), aunque para mí, acaban siendo traicionadas por el inevitable, imparable e invencible (salvo más que honrosas y espectaculares excepciones) virus de la desidia, que como todos sabemos, comenzó a infectar a los programadores de máquinas de 8 bits en general, y del Commodore en particular, a principios de los 90. Le faltan un par de detalles, un par de toques perfectamente exigibles a un videojuego producido en aquellas fechas. Y es que todos sabemos que el C64 era posiblemente la máquina de 8 bits (de entre las mayoritarias) más difícil de programar, pero ¡oigan! ¿no deberían, a esas alturas, de saberse todos los trucos los programadores? ¡Cuántas veces lo desaprovechaban!

Pero vayamos por partes.

Primero, el título: sí, debería ser "Teenage Mutant NINJA Turtles", pero estamos ante la versión británica señores, y en esa Isla que queda como vestigio del Imperiecillo de su Graciosa Majestad, no tienen el menor reparo a la hora de echar mano de la censura o la suavización de según qué contenidos destinados a los más jóvenes, así que decidieron que eso de "Ninja" sonaba demasiado agresivo, y lo sustituyeron por "Hero". Curiosa maniobra poco propia de un sistema liberal. ¿Educar no debería ser cosa de, primero, los padres y, después, el colegio? ¿Qué pinta el Estado ahí?

Huy, vaya. Me dejé llevar... dejémonos de cavilaciones sociopolíticas y centrémonos en cosas más serias, como en un videojuego protagonizado por tortugas mutantes expertas en artes marciales. Asunto de capital importancia para el devenir de la Humanidad, no me digan ustedes que no.

¿Os acordáis de la "tortugamanía"? Se quedó más en tortuga que en manía, es cierto.

Una tortuga saltarina pateando a un rinoceronte fuertemente armado... ¿dónde he dejado el tripi? No se pudo comparar, ni de lejos, con otra moda importada de los USA, como la "batmanía" (la de la película sobre el Hombre Murciélago que al extravagante Tim Burton le dio por rodar con el payaso canijo y alopécico de Michael Keaton en el papel de musculoso vengador de la noche), pero, aún así, propinó más de un pellizquito al mercado mundial. La máquina de "merchandising" de Hollywood es efectiva como pocas.

Tiene gracia que deglutiéramos a esos monstruitos tan horrendos como si tal cosa. Cuatro tortugas afectadas por no sé qué experimento radioactivo / genético / nuclear / inserten aquí la ciencia que más rabia les dé, acaban mutando hasta adoptar una forma humanoide.

Son entrenadas por ... uhm... una rata enfundada en un kimono. Lo que faltaba. Otro inocente animalito víctima de los descuidos y desmanes de un puñado de científicos poco preocupados por el Medio Ambiente, y que, no recuerdo muy bien cómo, acaba sabiendo mogollón de artes marciales. No sé si es que era la mascota de algún chino furibundo experto en partir bloques de hormigón con la rabadilla, o se pasó varios años viendo películas de Jackie Chan mientras correteaba en el interior de alguna rueda gigante, para ir cogiendo una miaja de forma física.

El caso es que Splinter (que así se llama el honorable y profundamente sabio roedor nuclearmente inestable), por si fuera poco, demuestra una sorprendente sensibilidad artística (al menos, es sorprendente para tratarse de una rata... aunque lleve kimono) al bautizar a sus ahijados acorazados con nombres de pintores italianos (¿por qué italianos? Es sólo curiosidad, vaya...): Donatello, Michel Angelo, Leonardo y ... erm... y... ¿Boticelli? Estee... uhm... bueno, y otro más. Desde entonces, los chavalines norteamericanos ya saben que esos nombres son los de cuatro tortugas radiactivas armadas hasta los dientes. ¿La Capilla Sixtina? Sí, sí... la pintaron a golpe de nunchako. 

Los años pasan y, recluidos en las cloacas y alimentándose a base de pizza, las Tortugas Ninja (o las "Tortugas Héroe", en la versión aprobada por su Graciosísima y Escuadrúpeda Majestad) llegan a convertirse en auténticas máquinas de lucha oriental.

Se las apañan para defender la justicia y el bien sin que la Humanidad sepa de su existencia y sin despertar la curiosidad de alguna pandilla de aviesos biólogos que, escalpelo en mano, no tardarían en diseccionarlas, gracias a su amistad con la única persona que les ha visto y les conoce: una maciza reportera llamada April O'Neal. Nada mejor, para evitar que la prensa diga según qué cosas de ti que... tener enchufe con ella (con la prensa, digo).

Pues, no podía ser menos, a April le falta tiempo para dejarse secuestrar por las hordas androides del malvadísimo Shredder, una especie de Señor de la Guerra tarao y anacrónico con unos impulsos megalomaníacos bastante preocupantes. La retienen en un despacho de un edificio de oficinas envuelto en llamas, así que ahí entramos nosotros, embutiéndonos en el caparazón de una de las abominaciones mutantes, y esgrimiendo una de sus armas personalizadas, para repartir guantadas a todo el que se interponga entre nosotros y la chavala.

Así comienza la aventura, que habrá de llevarnos a través de una serie de etapas infestadas de androides guerreros, hasta enfrentarnos al mismísimo Shredder. Antes, por supuesto, tendremos que dar buena cuenta de sus lugartenientes, que en este entorno de cobayas samurai, sanguijuelas judokas y rodaballos karatekas, no podían ser sino un cerdo, un rinoceronte... en fin... ¡La Gioconda la pintó un galápago! ¡Y como me lo discutas, te arreo!

Curiosamente, aunque en el panel de la parte superior de la pantalla se muestren dos casillas que deben albergar la puntuación, energía y vidas de sendas tortugas, las instrucciones aseguran que la versión de C64 no permite que participen dos jugadores simultáneamente. Hay algo que no me cuadra. ¿Para qué se toman la molestia entonces de incluir esa segunda ventana, y hasta marcarla con un "2" de lo más saleroso? Bien es cierto que intenté que surgiera la segunda bestezuela devoradora de pepperoni pulsando el botón de disparo del joystick (emulado, claro) en el otro puerto, y lo único que conseguí fue desactivar la música. Ups.

Pues miren ustedes, he aquí otro de los detalles que me ayudaron a decidir no otorgarle un notable al juego: es algo personal, sí, pero me fastidia ver en el manual eso de "... no disponible en la versión de CBM64". A mediados y finales de los 80, lo más frecuente era ver en las instrucciones párrafos como "Sólo en la versión de C64", o "Amiga, Atari y C64 sólo". En fin. La desidia y sus fiebres volcánicas, ya se sabe...

Bueno, pero ¿cómo es este juego? ¿Cómo se porta dentro del poco cuidado género de los pellizcos en los empastes y los codazos detrás de las orejas? Pues no del todo mal, hay que reconocerlo. Cuando aprendes la mecánica, puede llegar a ser bastante rápido y divertido, con un nivel de dificultad bien graduado... ah, pero creo que esto habría que dejarlo para el "comentario técnico", ¿no creéis? Vamos a ello...

Lo mejor

* Una buena conversión.
* Entretenido.
* El sonido (porque permite música y efectos a la vez, simulando 4 canales).

Lo peor

* Personajes pequeñajos y cuadriculados.
* Que no permita que participen dos jugadores simultáneamente.