FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Western Games

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
Está claro que Epyx creó escuela con su serie de "Games". La cosa
empezó con un par de juegos deportivos (Summer
Games I y II) tan revolucionarios
para su época, que obtuvieron todas las florecitas y aplausos de la prensa especializada.
Y no era para menos.
En aquel entonces, quizás inspirados por la inolvidable recreativa del Track'n
Field, la práctica totalidad de los poquitos juegos deportivos que en el mundo
eran, se controlaban mediante el nefasto método del aporreo frenético, febril de los controles de derecha e
izquierda, alternativamente. Nunca le he visto la
gracia a la solución, pero se conoce que mucha gente sí, ya que fue bastante
frecuente en muchos títulos posteriores.
Sin embargo, uno de los puntos fuertes de los dos Summer Games, en mi
opinión, era que no te exigían echar el bofe estrangulando y aporreando el
joystick. Se basaban más en la coordinación y los reflejos, que en la pura
fuerza bruta.
La filosofía les dio bastante buen resultado, ya os digo, así que siguieron
fieles a ella en todos los demás (casi siempre excelentes) juegos con la coletilla
"Games" en su título, como California
Games, World Games, Winter
Games...
Hubo muchas compañías que trataron de copiar la fórmula de Epyx y, así, se lanzaron juegos como Caveman Ugh-Lympics, Aussie Games, Alternative World Games (que, en contra de lo que su nombre sugiere, están ambientados en Italia -no en todo el planeta-) o, precisamente, este Western Games. Al final, la cosa consistía en mantener la filosofía fundamental de Epyx, a través de una serie de escenarios, a ser posibles inéditos en un juego del género, en los que los participantes tenían que enfrentarse a una serie de pruebas que... admitámoslo: en la mayoría de los casos, parecían sacadas de cualquier concurso veraniego chusco de televisión.
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Lo cierto es que nadie como la compañía norteamericana, fue capaz de reproducir la idea de los "Games" originales, con cierto éxito. Y si me apuran, precisamente ahí está el principal defecto de este Western Games: intenta ser una caricatura o parodia de los Winter Games, The Games: Summer Edition, y demás maravillas... y lo consigue. ¡Vaya si lo consigue! Ese es el problema: ¡que lo consigue demasiado bien! |
Da la impresión de que la gente de la empresa alemana Magic Bytes debió de pensar que los ingredientes principales de los exitosos juegos deportivos de Epyx se basaban en buenos gráficos, un innegable toque humorístico y la necesidad de que el usuario recurriera a la coordinación y velocidad de respuesta, para superar cada prueba.
Hala, pues tómese una pizca de cada cual, mézclese, sacúdase bien, y recaliéntese a potencia máxima, hasta que se perciba un penetrante tufillo a plástico quemado, y pueda verse con claridad una columna de humo negro-antracita emanando del horno. Consumir inmediatamente.
¿Buenos gráficos? Sin duda.
¿Toque humorístico? Indiscutible. Pero bastante menos sutil e inteligente que
el que aportaban los Games de Epyx. No niego que las atronadoras pedorretas que
los concursantes profieren en una de las pruebas, tiene su gracia (es decir, el
mismo tipo de gracia escatológica, que todo eso de "caca-peo-pis"
hace a los niños pequeños), pero aún a riesgo de parecer ñoño, tengo
que confesar que prefiero la forma de hacer sonreír al usuario que tenían los
World Games y compañía.
Y ¿utilización de los reflejos del usuario para la realización de las
pruebas? Sí, claro. Extensivamente. Intensivamente. Abusivamente.
Agónicamente. Hay pruebas en las que uno casi tiene que ampliarse el cerebro
con varios gigas de RAM para no perder la coordinación.
Os cuento: estas pruebas enfrentan a nuestro cow-boy, el típico forastero
despistado recién llegado al clásico pueblo del Salvaje Oeste, habitado por
las más sudorosas y pestilentes acémilas a este lado del Río Pecos (y al otro,
también), con el representante de la localidad: un calvo barbudo y feo que
responde al nombre de McSlow. Y son:
- Pulso: imagino que todos sabéis en qué consiste tan brillante,
intelectual y hondo pasatiempo, ¿no?
Bueno, pues tenemos que dar con la mano de McSlow en la mesa, tres veces. Y,
precisamente, ese es también el objetivo de nuestro rival, de modo que el
primero que alcance las tres victorias, ganará el enfrentamiento.
Hemos de fijarnos en el panel de la parte superior de la pantalla, en la que un
brazo escuchimizado se flexiona y relaja continua y periódicamente. Pues bien:
tenemos que intentar mover el joystick hacia abajo justo en el momento en que
creamos que el brazo en cuestión, muestra un bíceps más pronunciado. Cuanto
más afinemos la maniobra, más fuerza imprimiremos a nuestro empuje, y podremos
arrastrar al desesperado McSlow hacia nuestro lado de la mesa.
Si las cosas se ponen feas, siempre podemos hacer trampas, tirando de la mano
con la izquierda... pero claro, cuando el árbitro se quede dormido, o nos
descalificará. Sí, sí ¡se queda dormido de pie, el tío! La maniobra es algo
arriesgada, porque puede abrir los ojos en cualquier momento... y podéis dar
por sentado que a McSlow, cuando lo controla el ordenador, no lo pillará nunca.
Faltaría más...
- Tiro a la cerveza: la perspectiva es desde encima del hombro de los dos participantes, con sus cogotes en primer plano. En el fondo, la barra de un bar y, ante ella, dos personajillos canijos, vestidos de tiroleses (curiosa indumentaria para un poblacho del Oeste americano en la época de Billy el Niño), que sostienen un envase con la mano. El primero de ellos, es una jarra de cerveza espumosa. Pues bien, en cuanto el cow-boy apoyado en la barra dé la señal, comenzará el juego, en el que cada participante tiene que tratar de acertar, al recipiente de "su canijo", de un tiro.
O sea: nuestro protagonista, al de la izquierda, y McSlow, al de la derecha. Se trata de desenfundar rápido y controlar el punto de mira (bastante rebelde) para intentar descuajeringar la jarra.
| Si lo conseguimos, los dos personajillos sostendrán entonces un recipiente más pequeño. Y después, otro aún menor... y así, hasta que tengamos que volar en pedazos uno de esos vasos de "chupito" (¿sabéis cuáles? ¡sí, hombre, los que no son mucho más grandes que un dedal!). La monda. | ![]() |
Es posible que la prueba llegue a alargarse bastante, porque sólo puede ganar uno de los
participantes, y eso, cuando consigue romper una serie completa de vasijas, desde la
jarra al vaso diminuto, sin que su rival se le adelante. Si esto ocurriera, la
serie volvería a comenzar desde el principio.
Por si tenéis curiosidad, los dos patéticos tiroleses son inmunes a nuestros
disparos. Faltaría más.
- Escupitajos: una de las más originales (y escatológicas del juego). Cada personaje tiene que mascar tabaco (fijaos en la cara de asco que ponen cuando se lo tragan accidentalmente; jeje, la verdad es que las expresiones son muy divertidas), procesar la plasta negruzca y maloliente, y generar un proyectil con la consistencia de un gargajo a medio fraguar, que deberá intentar encajar en un pequeño recipiente situado a los pies del rival (siempre es posible desviar voluntariamente el "disparo" para acertarle al otro en los morros; pura poesía).
- Baile: es una especie de versión retorcida del juego del
"Simón". ¿Lo recordáis? Se vendía a principios de los 80, y era un
aparatito con forma de disco y una serie de botones de plástico, que se
encendían, al tiempo que emitían una nota musical, aleatoriamente. El juego
consistía en repetir el patrón de luces generado, pulsando en los botones en
el orden correcto. Cada vez se añadía una nota más, lo que complicaba las
cosas y ponía a prueba la capacidad de retentiva del usuario.
Bueno, pues ahora se trata de imitar los movimientos de una bailarina de Saloon.
El pianista tocará una musiquilla, y la chavala ejecutará un par de pasos de
ese... erm... "baile" consistente en echar las piernas para arriba y
terminar enseñándoles las enaguas a una piara de vaqueros borrachos babeantes.
Cuando la chica termina su número, McSlow y nuestro cow-boy, sobre el
escenario, tendrán que repetir los movimientos. ¡Y hay la tira! Que si
diagonal arriba y a la derecha, que si diagonal abajo y a la izquierda más
botón de disparo, que si... imaginaos...
- Ordeñar: y he aquí una de las mayores gilipolleces de la historia de los
videojuegos. Mirad: ni con las instrucciones por delante, ni repitiendo
mentalmente una y otra vez el innecesariamente enrevesado patrón de movimientos
(que además, deben realizarse siguiendo un ritmo que nos señala un dibujito
de la ubre de la vaca, en el panel), ni practicando denodadamente y hasta la
saciedad, he conseguido JAMÁS llenar la jarra con mucho más de un par de pixels de
leche. Desesperante. Si queréis un consejo: procurad no jugar esta prueba con
otra persona. De lo contrario, puede que os paséis los dos media hora larga
intentando patéticamente llenar vuestros recipientes. Al menos, el personaje
controlado por el ordenador lo consigue. Tarda, pero lo consigue.
Es posible darle de vez en cuando un meneo a nuestro rival, para verter parte de
la leche que ha ordeñado... siempre que nuestro amiguete Fred, el árbitro
narcoléptico, sucumba a la modorra (comprensible, pobrecito mío), y se quede
como un leño, de pie.
- Comer: otra prueba verdaderamente original. Y, como casi todas las demás, difícil, muy larga y escatológica a más no poder. La cosa consiste en zamparse una olla entera de estofado. El primero que consiga dar buena cuenta del guiso, ganará. Los dos tragaldabas se abren camino hacia el fondo de sus platos, de forma lenta, plúmbea, penosa... hay que luchar con la cuchara, que se vierte cada vez que nos la llevamos a la boca (más aún, si nuestro rival nos da una coz por debajo de la mesa), hay que tratar de beber un poco de agua de vez en cuando, para que la argamasa alquitranada descienda esófago para abajo... y ya veréis, si no masticáis convenientemente la comida, qué pedorretas más retumbantes lanzarán los pobres concursantes (¡y atención a sus caras de desconcierto!).
↑ Lo mejor
* Original.
↓ Lo peor
* Algunos patrones de movimientos son ridículamente complicados (y la medalla, bien gorda, pesada y de resonante hojalata oxidada, se la lleva la prueba de ordeñar).



