FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Who Dares Wins 2

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COMENTARIO ORIGINAL
La review
De todos los clones que tuvo el celebérrimo Commando, este es de los mejores. De hecho, deja bien claro, una vez más, aquello de que, en la época de los 8 bits, no eran necesarios unos gráficos abrumadores y un sonido atronador, para hacer un juego divertido. A veces, incluso sucedía todo lo contrario y, dado lo limitado de los recursos, los programadores tenían que centrarse en esa cosa tan vaporosa que los ingleses, en un alarde más de la capacidad de síntesis y concisión de su idioma, llaman "gameplay" (y que nosotros podríamos traducir como "jugabilidad", pegándole al diccionario un par de coces y algún que otro pellizco retorcido a mala fe, en el proceso).
Who Dares Wins 2 es verdaderamente divertido, aún cuando en el apartado
técnico resulta bastante cortito. Es más: coquetea abiertamente con la
mediocridad. Y nunca pareció importarle a nadie: el resultado final era muy
entretenido. Misión cumplida, pues.
Ya que estamos, permitidme romper una lanza en favor de este tipo de juegos:
Cada vez suenan con más fuerza las voces de según qué airados representantes
de organizaciones surtidas, que claman contra la violencia en los videojuegos.
Supongo que se referirán a la violencia "gráfica", o sea, a la que
se puede ver con generoso desparrame de hemoglobina (virtual) por la pantalla,
porque la agresividad ha estado siempre presente en los juegos de ordenador.
Desde tiempos inmemoriales, además. De hecho, el primero de estos inventos
maravillosos, un experimento de un laboratorio universitario norteamericano que
data de 1962, ni más ni menos, se llamaba Space Wars. O sea, Guerras
Espaciales. Toda una declaración de principios.
Lo que quiero deciros es que siempre ha habido una cierta violencia "conceptual" en muchísimos videojuegos. Fijaos en este que nos ocupa, sin ir más lejos.
No veréis nada parecido a una gota de sangre o a un higadillo chamuscado revoloteando por los aires. Sólo un grupo de muñequitos casi risibles, correteando histéricamente a través de un paraje de ruinas trazadas a base de pixels más bien feos. ¿Violencia? "¡No, qué va! ¡En absoluto!".
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¿Y si os digo que el argumento es guiar a un soldado armado hasta los dientes, mientras masacra a docenas de enemigos a bombazo y tiro limpio? ¿Cambia la cosa? ... Pues, sorprendentemente, no. Siguen sin verse las tripitas palpitantes de ningún maloso computerizado. |
Aquí comienzan a no cuadrarme las cosas.
O sea, que es sólo la violencia gráfica la que es condenable abiertamente en
los videojuegos. Bien... entonces, ¿se prohíben? ¿Se prohíben también las
producciones hollywoodienses protagonizadas por Chuck Norris, el Van Damme ese y
demás intelectuales del ramo? ¿Se censura cualquier muestra de agresividad en
cualquier medio? ... ¿O simplemente se educa a los niños convenientemente,
asumiendo que no son robots programables, estúpidos y deterministas (que
siempre responden del mismo modo a los mismos estímulos; todos ellos, y sin
excepción), sino personas en proceso de formación y que terminarán por tener un criterio
libre, de modo que, aunque jueguen a cierto tipo de juegos, o vean cierto tipo
de películas, no acabarán convertidos en psicópatas militaristas? ¿Debe el
Estado asumir el papel de papaíto, partiendo de la base de que los progenitores
biológicos de un niño son gilipollas y no son capaces de educarlo en
condiciones? Si queréis mi opinión: NO. Ni de coña.
Mirad: vosotros, tanto como yo, estoy seguro, de niños nos tragamos mogollón
de videojuegos a cual más salvaje (¿Barbarian,
por casualidad?). También nos tragamos accidentalmente alguna que otra película
poco recomendable, o tuvimos la desdicha de pasar la mirada sobre la tele, fugazmente
y sin querer, cuando en el terriblemente luctuoso Informe Semanal de finales
de los 70 y principios de los 80, mostraban todo tipo de casquería fina... que
si Camboya, que si la guerra Irán-Irak...
Mis padres siempre tenían a bien protegerme de esas tremebundeces. No hacía
falta que ningún organismo dictara cómo educarme. Y si papi y mami no querían
que mirase con mis ojillos de chavalín inocente de 8 años aquellas
barbaridades infinitas, era simplemente porque me asustaban.
Me producían pesadillas. Eso sí: estoy totalmente seguro de que nunca pensaron
que, si veía aquello, de mayor me volvería genocida profesional. Qué
bárbaro.
De hecho, si me ponían mala cara cuando me veían vaporizando marcianitos, era
simplemente porque no daba ni golpe, y se suponía que tenía que estudiar :-D
Creo que ya podemos continuar la review, ¿no?
Lo cierto es que, aparte de semejante discurso, poco más hay que contar acerca
de este juego. Importa un pimiento la historia (si es que la hay, que me da a
mí que ni se molestaron en garrapatear cuatro líneas mal contadas, que
sirvieran de excusa a la masacre y aniquilación de sprites descarriados),
importa un pimiento el sonido... ¡hasta importan un pimiento los gráficos!
Simplemente, porque Who Dares Wins 2, es divertidísimo.
Ya os digo: estamos ante uno de los bastantes clones que el estupendo Commando tuvo. Incluso hay gente que prefiere esta imitación, al original.
| En mi modesta opinión, aquella fue, de entrada, una de las mejores conversiones de recreativa que se hicieron para C64. Gráficamente estaba a un buen nivel, y en el apartado de sonido, le daba 100 vueltas a la máquina original, con un remix marchoso y agresivo, a cargo de Rob Hubbard, de su tema musical, sonando continuamente de fondo. Sin embargo, el juego tenía bastantes pegas. | ![]() |
Daba la impresión de que había sido un lanzamiento apresurado y
atropellado. Aún tenía bastantes apartados sin pulir, y no era raro toparse
con algún que otro bug clamoroso, que nadie tuvo tiempo de corregir, ni
siquiera con pinzas y a última hora.
Por no hablar de lo que más criticaban los commodoreros de la época: que
habían eliminado de un plumazo muchas de las fases de la recreativa. Todo por
mantener el juego en una sola carga.
La alternativa, si tan empecinados estaban en no incluir ningún tipo de
multicarga (una técnica incipiente en 1985) habría sido simplificarlo
técnicamente. O sea, como este Who Dares Wins 2, que incluye ni más ni menos
que 8 niveles. El doble que el Commando.
Claro, que los gráficos y el sonido son la mitad de detallados y plausibles,
pero no se puede tener todo, ¿no?
Como imitación, la verdad es que no pierde detalle. Fijaos en la animación de los enemigos al caer acribillados o chamuscados por nuestro héroe: la misma que en la recreativa del Commando. Fijaos en el desarrollo, en los prisioneros aliados a punto de ser ejecutados por el enemigo (en este caso, aparecen atados a un árbol, mientras un tipejo siniestro les apunta con un rifle), o en el hecho de que, para terminar un nivel, hemos de llegar hasta una especie de puesto fronterizo, del que surgen soldaditos a patadas, y a los que debemos quitar del medio para progresar. Vaya, que el tal Steve Evans no se cortó un pelo a la hora de programar una versión libre del mítico shoot'em up militarista, y la dotó de tal jugabilidad que, repito, aún hoy, hay muchos commodoreros que la prefieren al videojuego original que la inspiró.



