Heist, The
Género: Plataformas Música: No tiene
Desarrollado por: Livesay Computer Games Inc. Año: 1984
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Recuerdo que este juego se vendía en una cinta que tenía grabada en una cara la versión de Commodore 64, y en la otra, la de MSX. Una idea original, que seguramente ahorró bastantes costes a sus responsables, pero que (al menos, hasta donde yo sé), no se repitió; si exceptuamos, claro, el método Uniload de la cassette con preguntas de la versión informática del célebre Trivial Pursuit, que permitía cargarlas en cualquiera de las principales máquinas de 8 bits. Ingenioso.

The Heist es uno de los plataformeros más antiguos para C64, lo que se nota por la simplicidad de los gráficos. Sin embargo, está bastante más evolucionado que títulos no muy anteriores (como el estupendo Jumpman), e incluye cierta variedad en el desarrollo y en los (dificilísimos) niveles de que consta.

Manejamos a un caco que se cuela en un museo, por la noche, y se dedica a robar todos los cuadros que encuentra.

Me gustaría saber quién fue el listo que diseñó este museo... Sin embargo, el lugar en cuestión, está protegido con medidas de seguridad verdaderamente férreas. Encontraremos varios tipos de robots guardianes, y trampas surtidas: desde barreras que suben y bajan cíclicamente, y que le pueden planchar la gorra, y de paso una vida, a nuestro ladronzuelo, hasta los clásicos boquetes en el suelo que conducen a un abismo sin fondo.

Tenemos un tiempo límite para robar cada cuadro: dos minutos. Cada vez que arramblemos con uno, el contador volverá a iniciarse. En realidad, el reloj no es ninguna amenaza en este juego. Hay cosas peores. Una de ellas, por ejemplo, es quedarse sin llaves. Éstas son absolutamente imprescindibles, ya que para acceder a muchas de las zonas del museo, es necesario abrir bastantes puertas, y aunque parezca que, en principio, hay llaves de sobra, no es raro quedarte atascado en una zona cuando se te gastan, y la única salida está bloqueada.

Y es que, una de las clases de robot guardián (concretamente, esos cacharros alargados, con una especie de cúpula naranja y una base blanca, y que se desplazan sobre orugas como las de los tanques -arriba tenéis una foto de dos de ellos, en las plataformas de la parte central superior y central inferior de la habitación-), nos quitarán una llave si nos tocan... ¿y si no tenemos llaves encima en ese momento? ... Bueno: se conformarán con freírnos una vida.

Otros robots se parecen a algún tipo de electrodoméstico futurista, con algo similar a una luz anaranjada que se enciende y se apaga en su parte superior (en la plataforma del medio de la captura de arriba, aparece uno de ellos, en un momento en el que tenía la luz apagada). Aunque no den la impresión de ser un peligro, creedme: ¡lo son! Saltarlos es dificilísimo. Es la típica maniobra que debe realizarse con "precisión a nivel de pixel", para tener garantías de éxito. Si saltas un milímetro antes, te escoñan. Si saltas un milímetro después, te escoñan. La cabriola es tan arriesgada, que a veces compensa más dar la vuelta por todo el nivel, antes que tener que pegar el brinco de turno.

En niveles más avanzados encontraremos otros enemigos (aún más puñeteros), como unas pelotitas que vuelan rápidamente, a diversas alturas.


Y con estos ingredientes, y alguno que otro más (como cintas transportadoras que nos ayudan o entorpecen, ascensores que nos llevan a los tres pisos de cada nivel, o escaleras mecánicas que sólo pueden usarse en un sentido), prácticamente he terminado de describiros este The Heist.
Planta segunda - moda de caballero, chanclas de esparto y cuadros en general...

Como podéis comprobar, es bastante sencillo. Y como suele ocurrir con los juegos antiguos, precisamente ahí radica su encanto, aderezado con un cierto nivel de variedad (los niveles son diferentes entre sí... tienen enemigos distintos, colores distintos, cuadros distintos, además de, evidentemente, un "mapeado" distinto).

 
 

Como es de esperar en un juego de 1984, son bastante simples, aunque más evolucionados que los de otros títulos de la época. Los escenarios apenas consisten en poco más que tabiques, puertas, escaleras mecánicas, cuadros, y algún que otro mueble (plantas, lámparas y demás) para adornar. Los personajes están a un nivel parecido.

No tiene música, y aunque hay pocos efectos, están bien resueltos.

Un plataformero antiguo, sencillo, pero muuuy adictivo. La pega es que en algunos momentos resulta terriblemente difícil.

* Muy adictivo. * En algunos momentos es muy difícil (como cuando hay que saltar a cierto tipo de robot guardián).