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Operation Wolf
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A lo mejor, después de todo, no estoy perdiendo facultades tan rápidamente
como suelo decir. Igual esto de hacerse mayor mejora tus habilidades con los
jueguecillos. Sí, ya sé que no es algo de lo que enorgullecerse, pero bueno...
hay cosas peores, ¿no?
El caso es que para hacer esta review jugué cuatro o cinco partidillas a este
excelente Operation Wolf. En las dos o tres primeras me zurraron la badana (ya
vino todo aquello de "si es que ya no tengo los mismos refleeeeejos, bla,
bla, bla"). Y de pronto, cuando quise darme cuenta, estaba tan absorbido
por el juego, que sudaba la gota gorda (aunque a lo mejor en eso tuvo algo que
ver el frejquito que hace en este pueblo -Sevilla- en esta época del año
-Junio-) y hasta me había olvidado de tomar capturas para la página. De hecho,
siempre suelo grabar un promedio de siete u ocho, y esta vez ... ¡sólo tenía
tres!
Estaba tan absorto que incluso conseguí llegar a la penúltima fase, y no me
quedé lejos de acceder a la última... algo que, en mis mejores años de
commodorero diplomado, nunca conseguí.
Lo dicho... a lo mejor no estoy tan viejo como pensaba. Ahora, sólo será cuestión
de aguantar un poquito mejor cuando salga un fin de semana, o cuando haga una
miaja de ejercicio, jejeje...
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Creo que ya os habéis dado cuenta de lo aficionado que soy a enrollarme cuando escribo. Y si quitáis todos los aderezos y recolguines del texto de arriba, os quedaréis con su moraleja, que no ocupa más de un trocito de renglón: Operation Wolf es un juego tremendamente adictivo. Ya está. |
Creo que, salvando las evidentes distancias técnicas, es una de las mejores conversiones de recreativa que se hicieron para nuestro C64.
Imagino que recordáis la maquinita, ¿no? Donde deberían estar la palanca
de mando y los botones, había una especie de Uzi de mentirijillas, con la que
disparabas a los malosos que salían en la pantalla. Toda una innovación. Pero esa no fue la clave del éxito, sino el hecho de que Operation Wolf era
terriblemente adictivo.
... y violento, por cierto. Sin embargo, es curioso, no recuerdo que nadie
alzara airadas protestas. Supongo que cuando en un juego no se ven higadillos
despanzurrados por todas partes y varios litros de sangre desparramados sobre
la pantalla, a nadie le llama la atención que, para pasar de fase, tengas que
masacrar a unos 50 ó 60 soldados. Ocurre como con las películas clásicas del Oeste.
Destilaban mala leche. Había balazos y tiros por todas partes, pero como se notaba en seguida que los
malos se hacían el muerto, pues a nadie le impactaba tanto como cuando Rambo y
compañía, se echaron al monte vietnamita con sus ristras de granadas al hombro y sembraron de casquería fina, arrozales y antiguos templos.
... vaya, se me volvió a ir la perola. Bueno, sigamos...
En Operation Wolf, el objetivo es liberar a los rehenes que los malosos retienen
en un campo de concentración y, entonces, asaltar un aeropuerto para robar un
avión y huir de una sola pieza. El juego se divide en seis fases que se desarrollan con perspectiva subjetiva.
Nosotros controlamos un punto de mira mientras la pantalla hace scroll
suavemente hacia un lado. En el panel que aparece en la parte inferior, se nos indican las cifras de la
fase actual, es decir, de izquierda a derecha:
- Rehenes liberados: este marcador sólo tiene sentido en la quinta etapa, la
del campo de concentración. Cuando lleguemos a ella, ocasionalmente veremos
a un prisionero harapiento caminando medio atontado en medio de la debacle de
balazos y explosiones. Hemos de protegerle para que alcance el extremo opuesto
de la pantalla sano y salvo. Y es que, en seguida, veremos cómo aparece un soldado
enemigo, esgrimiendo un machete, y acercándose al desdichado por la espalda,
más que dispuesto a convertirlo en un pinchito. En cierto modo, me recuerda
al segundo nivel del Beach Head 2.
- Soldados que quedan por masacrar: cuando los hayamos quitado a todos del medio, no saldrá ninguno más. Esto es una auténtica bendición, porque son, con diferencia, los enemigos más coñazo. Uno solo no hace mucho daño, pero el problema es que nos atacan en oleadas.
- Helicópteros, tanques y similares: idem. El número que cada icono tiene a su derecha indica cuántos nos quedan por destruir. En función de la fase, nos enfrentaremos a un tipo de vehículo u otro. Por ejemplo, en la segunda (la jungla), aparecen barcazas blindadas que navegan por el río y tratan de ametrallarnos.
Cuando todos estos números (salvo el de los rehenes, claro) estén a cero,
habremos completado la fase. Así que ¡a darle gustito al gatillo! ... pero con cierta mesura, sin embargo. Y es que el mayor peligro del juego es,
en mi opinión, lo escasísima que resulta la munición que tenemos.
Aunque comenzar con 9 cargadores y 5 granadas puede parecer más que suficiente,
lo cierto es que no lo es. Si se te pega el dedo al botón de disparo, no
tardarás en quedarte más indefenso que un jilguero. Imagínate en qué se
convierte el juego cuando estás sin una sola bala, mientras hordas de enemigos
te acribillan sin piedad. Al menos, en esta situación, puedes disparar una vez
cada, digamos, dos o
tres segundos. Eso no arreglará nada (si tienes que cargarte aún a 50
soldados, imagínate el panorama), pero como cada cierto tiempo veremos cómo
aparece una ventajilla en el suelo, si es un cargador, una granada o, mejor
aún, balas ilimitadas durante un corto periodo de tiempo, sólo tendremos que
dispararle para recogerlo, y continuar repartiendo paz y amor a diestro y
siniestro.
| Si queréis un consejo (a mi me sirvió para alcanzar la penúltima fase), tratad de ahorrar balas. Guardad las granadas para los helicópteros (resisten muchos impactos), e intentad agujerear a los soldaditos con un toque del botón de disparo. | ![]() |
No los reguéis de plomo, que controlar el punto de mira no es nada fácil y, además, ellos no paran de moverse. Sólo toques cortos, insisto.
Aún así, no será fácil que mantengáis un nivel aceptable de munición,
entre otras cosas porque, cuando terminamos una fase, no se reinicia el número
de balas y granadas, sino que accederemos a la nueva con las cantidades con las
que terminamos la anterior. Y tiene su gracia ver en la pantalla un mensajito de
la índole de "Comienzas esta fase con 0 granadas y 0 cargadores. ¡Buena
suerte!". Debería concluir con aquello que decía la canción de Mike
& the Mechanics: "all I need is a miracle...". :-)
Sólo tenemos dos vidas, pero si nos fríen la primera, podremos continuar desde el principio del
nivel en el que estábamos (y con toda la munición completa).
Mientras los malos no paran de bombardearnos, ametrallarnos o hasta tirarnos cuchillos, tendremos que estar atentos a las ayudas u obstáculos que aparezcan en el escenario, como botes de medicina (que recuperan algunas unidades de la salud del protagonista), o inocentes que corretean en mitad del caos... desde niños hasta enfermeras con una camilla vacía. Es obvio que a ellos no hay que rociarles con una duchita de plomo hirviendo, así que ¡tol mundo quieto, y no me seais psicóticos! ;-)
Al completar una de las etapas (la aldea, concretamente -es la tercera-), podremos descansar de nuestras heridas, y comenzaremos la siguiente en mucha mejor forma. Del mismo modo, al completar la cuarta fase, se nos permitirá acceder a la quinta con toda la munición a tope.
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Bien resueltos. Tampoco es que sean maravillosos, si se los considera aisladamente (me refiero a si te fijas en un soldadito o en un vehículo concreto, o en los elementos del decorado -tengamos en cuenta que todo el juego se carga de una sola vez, o sea, que está ENTERITO metido en 64 K... ya tiene mérito), pero en conjunto, crean una impresión de lo más efectiva. |
Y durante la ensalada de tiros y petardazos a la que te enfrentarás, tampoco creas que tendrás mucho tiempo para fijarte en los detalles...
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Una serie de músicas de Jonathan Dunn, que creo que imitan (y con bastante acierto) a las de la recreativa, y algunos efectos de sonido que, si bien no son muy variados (tampoco se le puede pedir eso a un juego de este tipo), sí que están bastante trabajados... escucharemos el ruido de los motores de las tanquetas o helicópteros, las ametralladoras de los malos... |
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Más que adictivo es absorbente, insisto. Y como prueba, el hecho de que me quedé pasmado durante casi una hora, jugando una partida tras otra, olvidándome hasta de que tenía que coger capturas para la página. Yo diría que lo más frustrante es el hecho de que se acabe la munición tan rápidamente, pero supongo que lo hicieron a propósito, para aumentar el nivel de interés (si es así, lo consiguieron, no hay duda). |
| * Más que adictivo: absorbente. * Los efectos de sonido son efectivos a más no poder. |
* Que la munición se gaste tan pronto. |