Un 3 de agosto de 1999 nació Spectrum Zone, antecesora de Computer Emuzone [CEZ]. Así que ya hemos celebrado las bodas de plata
, y no está de más decirlo, aunque no hayamos podido preparar nada especial. Aquí seguiremos lo que aguantemos. ¡Gracias por todo!

Título: Aragami
Tít. provisional: Twin Souls: The Path of Shadows
Género: Aventura
Tipo: Acción
Distribución: Indie
Precio: 19,99 € / 24,99 €
Motor:
Revistas disponibles
| Nota | Votos |
| 8 | 1 |
Por desgracia, no disponemos de información sobre los autores de este juego, así que cualquier ayuda que nos puedas proporcionar será bienvenida... ¿Sabes quién intervino en su creación?
Aragami llegó en pleno 2016, cuando el sigilo parecía relegado a elementos secundarios dentro de los grandes AAA. El estudio barcelonés Lince Works —un equipo nacido en la universidad y entonces casi desconocido— lanzó el 4 de octubre un juego que recordaba por ambición a Tenchu y por minimalismo a ciertos indies de la época. Su premisa era magnética: encarnar a un espíritu vengativo que solo puede sobrevivir en las sombras y que convierte la oscuridad en materia prima para moverse por escenarios inspirados en el Japón feudal. En tiempos de fuegos de artificio, aquel planteamiento tan sencillo y tan puro resultó un soplo de aire fresco.
La mecánica vertebral consiste en un teletransporte instantáneo entre zonas oscuras, alimentado por una barra de “esencia” que se recarga únicamente cuando el personaje queda inmóvil en penumbra. Todo gira en torno a esa restricción: la luz quema, la sombra da vida. El jugador termina leyendo el mapa como un ajedrez de focos y tinieblas, calculando rutas que permitan enlazar cornisa, tejado y poste de luz antes de que la energía se agote. No existe combate directo —un error supone muerte fulminante—, así que cada paso se siente medido. Ese ritmo pausado, casi táctico, entusiasmará a los puristas del género y puede impacientar a quien busque acción inmediata.
El diseño de niveles refuerza la propuesta. Cada capítulo es un diorama vertical y relativamente abierto que ofrece caminos alternativos, alturas estratégicas y atajos peligrosos; la paleta cel-shading utiliza rojos y ocres saturados para que el contraste luz/sombra funcione también como lenguaje visual, inteligible de un vistazo. La contra está en la inteligencia artificial: los guardias cumplen, pero sus patrones se memorizan pronto y rara vez improvisan, de modo que la sensación de caza puede diluirse tras los primeros intentos.
En términos narrativos, la aventura recurre a un folclore japonés de espíritus, clanes y juramentos que sirve como hilo conductor sin llegar a robar protagonismo al sigilo. La historia se sostiene gracias a un giro final bien ejecutado y a la música de Two Feathers, que envuelve la acción en un aire melancólico. No es una trama que marque época, pero acompaña con elegancia y nunca estorba; justo lo que se le pide a un juego cuyo peso recae en la atmósfera y la mecánica.
Respecto al apartado técnico, Aragami está construido en Unity y se mueve con solvencia a 60 fps en PC y en las consolas de la pasada generación, con apenas algún titubeo cuando la pantalla se llena de efectos de iluminación. El cooperativo en línea —incorporado de lanzamiento— permite a dos jugadores solventar las misiones con estrategias complementarias; puede convertirse en un caos delicioso si no hay coordinación, pero rara vez se siente accesorio.
La expansión Nightfall, incluida en la Shadow Edition publicada el 5 de junio de 2018, añadió un prólogo de unas tres horas y poderes renovados que enriquecen el conjunto sin desvirtuar su esencia.
La vida comercial de la saga fue suficiente para financiar una secuela en 2021, aunque la andadura del estudio terminó abruptamente: el 7 de marzo de 2023 Lince Works anunció el cese de toda actividad y la cancelación de proyectos futuros, si bien prometió mantener operativos los servidores y la venta digital de ambos títulos.
Este cierre otorga a Aragami —y a su continuación— un aura casi de legado póstumo dentro del desarrollo español.
Nueve años después de su estreno, el juego conserva intactas sus virtudes: la claridad de su núcleo jugable, una dirección artística inconfundible y un equilibrio entre exigencia y accesibilidad que pocos indies de sigilo han logrado. Sus limitaciones —IA conservadora, picos de dificultad en ciertos jefes y una narrativa funcional— siguen ahí, pero rara vez empañan la experiencia. Si lo tuyo es planificar al milímetro, deslizarte sin ser visto y convertir cada farol en un puzle, Aragami continúa siendo una recomendación imprescindible; para el jugador que prefiera la acción frontal quizá resulte áspero, pero incluso entonces su identidad estética bien merece la oportunidad.
La mecánica vertebral consiste en un teletransporte instantáneo entre zonas oscuras, alimentado por una barra de “esencia” que se recarga únicamente cuando el personaje queda inmóvil en penumbra. Todo gira en torno a esa restricción: la luz quema, la sombra da vida. El jugador termina leyendo el mapa como un ajedrez de focos y tinieblas, calculando rutas que permitan enlazar cornisa, tejado y poste de luz antes de que la energía se agote. No existe combate directo —un error supone muerte fulminante—, así que cada paso se siente medido. Ese ritmo pausado, casi táctico, entusiasmará a los puristas del género y puede impacientar a quien busque acción inmediata.
El diseño de niveles refuerza la propuesta. Cada capítulo es un diorama vertical y relativamente abierto que ofrece caminos alternativos, alturas estratégicas y atajos peligrosos; la paleta cel-shading utiliza rojos y ocres saturados para que el contraste luz/sombra funcione también como lenguaje visual, inteligible de un vistazo. La contra está en la inteligencia artificial: los guardias cumplen, pero sus patrones se memorizan pronto y rara vez improvisan, de modo que la sensación de caza puede diluirse tras los primeros intentos.
En términos narrativos, la aventura recurre a un folclore japonés de espíritus, clanes y juramentos que sirve como hilo conductor sin llegar a robar protagonismo al sigilo. La historia se sostiene gracias a un giro final bien ejecutado y a la música de Two Feathers, que envuelve la acción en un aire melancólico. No es una trama que marque época, pero acompaña con elegancia y nunca estorba; justo lo que se le pide a un juego cuyo peso recae en la atmósfera y la mecánica.
Respecto al apartado técnico, Aragami está construido en Unity y se mueve con solvencia a 60 fps en PC y en las consolas de la pasada generación, con apenas algún titubeo cuando la pantalla se llena de efectos de iluminación. El cooperativo en línea —incorporado de lanzamiento— permite a dos jugadores solventar las misiones con estrategias complementarias; puede convertirse en un caos delicioso si no hay coordinación, pero rara vez se siente accesorio.
La expansión Nightfall, incluida en la Shadow Edition publicada el 5 de junio de 2018, añadió un prólogo de unas tres horas y poderes renovados que enriquecen el conjunto sin desvirtuar su esencia.
La vida comercial de la saga fue suficiente para financiar una secuela en 2021, aunque la andadura del estudio terminó abruptamente: el 7 de marzo de 2023 Lince Works anunció el cese de toda actividad y la cancelación de proyectos futuros, si bien prometió mantener operativos los servidores y la venta digital de ambos títulos.
Este cierre otorga a Aragami —y a su continuación— un aura casi de legado póstumo dentro del desarrollo español.
Nueve años después de su estreno, el juego conserva intactas sus virtudes: la claridad de su núcleo jugable, una dirección artística inconfundible y un equilibrio entre exigencia y accesibilidad que pocos indies de sigilo han logrado. Sus limitaciones —IA conservadora, picos de dificultad en ciertos jefes y una narrativa funcional— siguen ahí, pero rara vez empañan la experiencia. Si lo tuyo es planificar al milímetro, deslizarte sin ser visto y convertir cada farol en un puzle, Aragami continúa siendo una recomendación imprescindible; para el jugador que prefiera la acción frontal quizá resulte áspero, pero incluso entonces su identidad estética bien merece la oportunidad.
8.8
8.2
8.5
7.3
8.2
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