FICHA ORIGINAL · ARCHIVO MODERNIZADO
Arnie

Material
COMENTARIO ORIGINAL
La review
¡Mamma mía! ¡Fijaos en esa portada!
¡Qué horror! Pero, ¿quién es ese tío? ¿El tal "Arnie"? Pues es un
hortera. Que conste en acta. Además de matarife, hortera. Vamos, un regalo.
Vale, sí, es una pavada,
pero... este debe de ser uno de los protagonistas de videojuegos más tontainas
y anodinos que jamás se deslizó por la pantalla de un C64. No niego que es encomiable
el hecho de que, cuando ya casi nadie daba un duro por los 8 bits (o sea, a
principios de los 90), surgiera una empresa como Zeppelin Games, empeñada en
seguir programando títulos para nuestra máquina preferida (y además, entretenidos).
Pero no se puede decir que contaran en sus filas con auténticos maestros del
argumento, trama, historieta de fondo o similar.
Bien. Ahora, os confesaré una cosa: si yo estuviera en vuestro lugar, es decir, en el del visitante ocasional de esta página, y me dejara caer por esta ficha, lo primero que pensaría es: "pues menuda pollez; ¿acaso importa algo el argumento o la pinta del protagonista en un mata-mata como este?". Y tendría toda la razón. Todísima. Pero ya sabéis: comentar un arcade a-la Commando es terriblemente complicado. Este tipo de juegos es tan simplón, tan primario y tan poco original, que a uno le queda bastante poca cancha para ensayar sus juegos de palabras capullescos y sus chistes surrealistas. Así que, tendré que darle estopa al sudoroso maromo (le tienen que oler los sobacos como la momia de un oso), como sacado del cartel publicitario de algún gimnasio cutre, que pretende decorar la portada. Qué le vamos a hacer.
Llama la atención (al menos, a mí) el nombre del tan poco sofisticado mamarracho culturista que protagoniza esta escabechina de aviesos soldaditos enemigos: Arnie. ¿Arnie?
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¿Será una especie de ñoño homenaje al héroe por antonomasia de las películas de acción de finales de los 80 y principios de los 90, Arnold Schwarzenegger? ¿Será otro detalle frívolo, de relleno, casual, casi accidental, que la gente de Zeppelin se sacó de la manga con el único propósito de mantenerme a mí (y nada más que a mí) ocupado filosofando sobre sus motivaciones? ¿Manías persecutorias? ¿Yo? |
Bueno, vamos a ver: Arnie es una especie de Commando con una perspectiva aproximadamente isométrica, en el que el héroe avanza a través de junglas, tierras baldías sembradas de trincheras y malosos antropófagos armados hasta los incisivos, y cuartelillos defendidos encarnizadamente por batallones de soldaditos furibundos. No sé por qué tiene que enfrentarse él solo a todos los ejércitos del mundo totalitario (seguro que a los esmirriados infusorios uniformados de marrón que pululan por la pantalla, inquietos e iracundos, les queda Josif Stalin a la derecha), ni sé a dónde tiene que llegar. ¿Rescatar a alguien? ¿Destruir algo? ¿Pasar a bayoneta a algún dictadorzuelo caníbal de tres al cuarto? Da igual. El caso es que el juego es divertido como él solo.
Nada nuevo bajo el sol. De hecho, a lo largo de la prolífica historia del C64, en lo que a videojuegos se refiere (bueno; en realidad, el Commodore fue prolífico casi en todo... programas de gestión, aplicaciones surtidas, ventas en multitud de países... -perdón por el arrebato de pseudo-chovinismo, jeje-), las versiones "fusil, granadas, cartucheras al cinto, pinta de forzudo retrasado mental" de los matamarcianos de toda la vida, aparecieron con no poca frecuencia. Quien dice Commando, dice Rambo. O Ikari Warriors. O las dos entregas del Who Dares Wins. O... bueno, ya me entendéis.
Entonces, ¿hay algo que distinga
a este Arnie del resto de sus competidores?
Yo diría que sí. Dos cosas, concretamente.
a) La perspectiva.
b) La posibilidad de manejar varias armas.
| Os cuento: en la mayoría de los juegos del género (o del subgénero; insisto: los mata-mata protagonizados por un soldado que se enfrenta a batallones enemigos él solito, no son más que una versión de los matamarcianos clásicos; o como dicen los anglosajones, haciendo gala de la capacidad de concisión de su idioma: shoot'em up), la perspectiva es aérea. Prácticamente cenital. | ![]() |
Sin embargo, en este caso, el desarrollo "inclina la cámara" unos grados, hasta acercarse a algo parecido a una vista isométrica. Casi, casi tridimensional.
Y a pesar de la sencillez de los
gráficos (se ve que había que pagar un precio por la idea), lo cierto es que
funciona sorprendentemente bien. De hecho, el juego no presenta uno de los principales
inconvenientes que aquejaban a más de uno de los títulos que osaban aventurarse
por la (en aquel entonces) espinosa y retorcida senda de las más-o-menos-tres-dimensiones.
(Y ¡toma castaña! ¡menuda frase pendantoide! ¿eh? Sigo en forma). Estoy hablando
de la confusión a la que ciertos desarrollos isométricos inducen al usuario.
Con frecuencia, los malosos se ocultan (accidentalmente, claro, no por algún
rasgo de una fastuosa y prodigiosa IA) tras un elemento del decorado. Quedan
fuera de nuestra vista, y cuando pasas cerca de ellos, pierdes una vida porque
sí y sin previo aviso. Frustración garantizada.
O peor aún: el protagonista se queda atascado en algunas esquinas o elementos
del escenario (y eso, cuando no les pasa a los malosos, que con frecuencia muestran
cierta tendencia a superponerse a paredes y techos, mandando la sensación de
tridimensionalidad a hacer puñetas). Más frustración. Bueno, pues en el caso
de este Arnie, no creo que os topéis con muchos de esos problemas. De hecho,
a mí no me ha ocurrido.
Y en lo que respecta a ese segundo elemento de originalidad (que en el fondo no lo es tanto, pero... resultaba tan fácil separarse de la tónica general del subgénero...), lo dicho: el protagonista puede manejar distintas armas. No está toda la partida esgrimiendo la misma "metralleta genérica". Al quitar del medio a algunos malos especiales, obtendrá rifles más y más poderosos. Sin embargo, se echan en falta una serie de granadas para terminar de aliñar la ensalada de bombazos y balazos que se organizará.
↑ Lo mejor
* Cierta variedad de personajes.
↓ Lo peor
* Poca variedad en los colores de los escenarios.
* El protagonista me cae mal. Y además, es un hortera.



