Publicado el17/09/2002
Un juego extraordinario, como bien decía José Emilio Barbero en su review de la revista, y que si por algo destaca es por su tremenda originalidad (que al redactor le debió parecer mayor de lo que es, porque seguramente desconocía la existencia del Pelota Vasca de MSX, como la mayoría de nosotros).
A pesar de todo, estábamos ya en 1991. Como ya he comentado en más de una ocasíon (y en más de diez también :-D), lo que pegaba en aquellos tiempos eran las grandes aventuras gráficas americanas y los espectaculares arcades para Amiga, y las compañías europeas que venían de los 8 bits -sobre todo las españolas- pasaban una época de gravísima crisis que culminó con la desaparición de la inmensa mayoría de ellas.
En esta situación, los juegos españoles pasaban, en su mayor parte, desapercibidos para el gran público español (no digamos ya europeo), y los conceptos que una vez habían dado excelentes frutos servían sólo para los casi extinguidos 8 bits, pero no para los PC.
Así, a pesar de la altísima originalidad del juego y de su enorme calidad, mucho me temo que no llegó a venderse mucho (quizá sí lo hizo en Spectrum o Amstrad, pero no era suficiente), contribuyendo a la caída en picado de una de las míticas del panorama nacional.
A pesar de todo, estábamos ya en 1991. Como ya he comentado en más de una ocasíon (y en más de diez también :-D), lo que pegaba en aquellos tiempos eran las grandes aventuras gráficas americanas y los espectaculares arcades para Amiga, y las compañías europeas que venían de los 8 bits -sobre todo las españolas- pasaban una época de gravísima crisis que culminó con la desaparición de la inmensa mayoría de ellas.
En esta situación, los juegos españoles pasaban, en su mayor parte, desapercibidos para el gran público español (no digamos ya europeo), y los conceptos que una vez habían dado excelentes frutos servían sólo para los casi extinguidos 8 bits, pero no para los PC.
Así, a pesar de la altísima originalidad del juego y de su enorme calidad, mucho me temo que no llegó a venderse mucho (quizá sí lo hizo en Spectrum o Amstrad, pero no era suficiente), contribuyendo a la caída en picado de una de las míticas del panorama nacional.











Daniel Gutiérrez González
José Antonio Morales Ortega
Gráficos:
Adolfo Gutiérrez González
Carlos A. Díaz de Castro