Esto es lo que nos comenta Ricardo Cancho -el grafista- sobre el desarrollo del juego...
El peor juego de Topo Soft con mucha diferencia. Y esto lo dice el grafista que lo hizo (yo), que para colmo también fui quien tuvo la idea original: un pinball de ambiente bélico.
Pero ahí se acabó todo. En principio, la idea consistía en una enorme mesa de pinball, formada por una serie de pantallas interconectadas, y en las que para pasar de una a otra habría que tener buena puntería para acertar con la bola en una especie de "carril", como en las máquinas de pinball reales. Los obstáculos harían rebotar la pelota, claro, a lo que se sumaría cierta cantidad de elementos de artillería que podían destruir la bola, y que a su vez habría que intentar destruir dándoles de lleno, y así se irían despejando las sucesivas pantallas hasta llegar a la última que tenía el artefacto maloso del enemigo a modo de "boss".
Pero ocurrió lo que nunca debería de ocurrir en la producción de un videojuego: el director (por entonces, Gabriel Nieto) se "apropió" de la idea e introdujo numerosas modificaciones que a la postre degradaron terriblemente el juego. El paso de la bola de una pantalla a otra quedó a la suerte del azar, de modo que el jugador perdía toda posibilidad de control sobre el recorrido de la bola en el tablero.
Éste a su vez fue modificado numerosas veces. Se llegó a tal punto de desencuentro entre los creativos y el director durante la producción, que éste decidió retocar personalmente las pantallas, y los demás le dejamos hacer con total pasotismo. En muchas de las pantallas se limitó literalmente a dejarlas vacías y después colocar tres o cuatro tipos de obstáculos repartidos al tuntún.
La pifia fue gordísima, hasta el punto en que la cúpula de Erbe no contrató por primera vez a Azpiri para la portada, y aunque la hice, yo no firmé la pantalla de carga (basada en una ilustración preliminar de Perera que iba a ser la carátula en principio, pero que finalmente se optó por una imagen casi-realista de un pinball estándar) y no se le hizo ninguna campaña de publicidad específica.
Si salió a la venta no fue más que por puro compromiso, pero puedo apostar a que representó pérdidas para la compañía.
El peor juego de Topo Soft con mucha diferencia. Y esto lo dice el grafista que lo hizo (yo), que para colmo también fui quien tuvo la idea original: un pinball de ambiente bélico.
Pero ahí se acabó todo. En principio, la idea consistía en una enorme mesa de pinball, formada por una serie de pantallas interconectadas, y en las que para pasar de una a otra habría que tener buena puntería para acertar con la bola en una especie de "carril", como en las máquinas de pinball reales. Los obstáculos harían rebotar la pelota, claro, a lo que se sumaría cierta cantidad de elementos de artillería que podían destruir la bola, y que a su vez habría que intentar destruir dándoles de lleno, y así se irían despejando las sucesivas pantallas hasta llegar a la última que tenía el artefacto maloso del enemigo a modo de "boss".
Pero ocurrió lo que nunca debería de ocurrir en la producción de un videojuego: el director (por entonces, Gabriel Nieto) se "apropió" de la idea e introdujo numerosas modificaciones que a la postre degradaron terriblemente el juego. El paso de la bola de una pantalla a otra quedó a la suerte del azar, de modo que el jugador perdía toda posibilidad de control sobre el recorrido de la bola en el tablero.
Éste a su vez fue modificado numerosas veces. Se llegó a tal punto de desencuentro entre los creativos y el director durante la producción, que éste decidió retocar personalmente las pantallas, y los demás le dejamos hacer con total pasotismo. En muchas de las pantallas se limitó literalmente a dejarlas vacías y después colocar tres o cuatro tipos de obstáculos repartidos al tuntún.
La pifia fue gordísima, hasta el punto en que la cúpula de Erbe no contrató por primera vez a Azpiri para la portada, y aunque la hice, yo no firmé la pantalla de carga (basada en una ilustración preliminar de Perera que iba a ser la carátula en principio, pero que finalmente se optó por una imagen casi-realista de un pinball estándar) y no se le hizo ninguna campaña de publicidad específica.
Si salió a la venta no fue más que por puro compromiso, pero puedo apostar a que representó pérdidas para la compañía.












MÚSICA: César Astudillo (Gominolas).
PORTADA: Antonio Perera.
SOFTWARE DE APOYO: José Manuel Lazo.
GRABACIÓN: Discos CBS, S. A.
DISTRIBUIDOR: ERBE.
PRODUCCIÓN: Gabriel Nieto.
PROGRAMADOR: Eugenio Barahona Marciel.